Ya en mi presentación comenté mi trabajo actual (institutos de enseñanza pública y en la administración), pero me gustaría aportar mi experiencia anterior y, por tanto, mi punto de vista como “consultora y vendedora” de software propietario durante varios años en empresas multinacionales. Es precisamente en esa experiencia donde encuentro el sentido de diferenciar las motivaciones y finalmente las consecuencias del software libre.

 

La motivación ética

 

¿Cuál sería el objetivo final del software propietario?

Las empresas privadas tienen como objetivo principal obtener beneficios económicos. ¿De qué forma?. Precisamente, por número de licencias que se instalan en un número de máquinas. A mayor número de máquinas y de usuarios donde se encuentra instalado un software, mayores beneficios. ¿cuál es su motivación en relación a los usuarios o empresas compradoras? desarrollar un sw (en forma de caja negra), y encontrar muchas empresas y usarios donde realizar copias del software en tantas máquinas como sea posible.

 

¿Qué se está pagando por parte de las empresas o usuario finales?

Un producto de consumo como podría ser una coca-cola, o cualquier otro objeto sin tener en cuenta las características intrínsecas de lo que es el software. La reivindicación por parte de Stallman y la FSF de que el software es “conocimiento” (frente al producto de consumo), me parece no sólo que tiene en cuenta la particularidad en sí del mismo software, sino que aporta algo más: una definición clara, a la vez que una posición trasgresora en relación a lo que se compra y vende: “el software es conocimiento y debe poder difundirse sin trabas”. Parece entonces claro que se añada por parte de Stalman que, como cualquier otro conocimiento y aportación a la comunidad, “su ocultación es una actitud antisocial”.

 

Consecuencias en relación al código cerrado

Desde mi punto de vista, las consecuencias de esta “ocultación” son el beneficio de la propia empresa y un perjuicio final para el comprador. El comprador es un “sr. ignorante” de lo que ha comprado, sólo es dueño de un objeto (por supuesto “util”) que le sale caro cuanto más lo usa, o lo instala, sin hablar de que no puede ni siquiera “echar una miradita” para hacer una pequeña modificación. ¿De qué es dueño entonces? Parece que el dueño del conocimiento sigue siendo la empresa que realiza la venta (si es que uno puede ser dueño del conocimiento, aunque sea el que lo creó). Por tanto ¿qué lugar ocupa el comprador? Parece que está sujeto a “ser esclavo”. Tendrá que volver a pagar (si es posible la modificación) y estará siempre “en manos” de la empresa “propietaria” (que así lo sigue siendo “propietaria”). Por tanto, me parece clara y digna de señalar la reivindicación que añade Stallman y la FSF “modificar programas es una libertad de expresión”.

 

 

 

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